Un día entre los ‘anfibios’ que defienden al país por mar y tierra

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Un día entre los ‘anfibios’ que defienden al país por mar y tierra

Al programa de Infantería de Marina forman al año cerca de 12.000 infantes de Marina en 33 programas de entrenamiento. Foto: Jaiver Nieto / EL TIEMPO

Izquierda, izquierda...derecha, Izquierda!– la orden dada por el Drill instructor se repitió durante la marcha a trote bajo la humedad y el calor de Coveñas (Sucre).

Aquello marcó el paso. Una voz convirtió muchos hombres y mujeres una sola unidad. Una que marchó a un solo compás. Fue difícil mantener el ritmo del trote. El sofoco hizo que el camuflado se pegara al cuerpo y el peso del equipamiento dificultara el moverse.

 

–Voluntas Omnia Superat...Voluntas Omnia Superat– me repetía mentalmente. Es la premisa de todo Infante de Marina: ‘La voluntad todo lo supera’.

Lo mío era una nimiedad comparado con el peso de defender ‘el azul del océano’ que es el legado de la Infantería de Marina en sus más de ocho décadas velando por mar y tierra la seguridad del país. Y fue lo primero que me quedó claro al ingresar al Centro Internacional de Entrenamiento Anfibio (Ciean) de la Infantería de Marina.

 

 Con el 'Drill Instructor' los recién llegados aprenden de manejo del estrés, primeros auxilios, costumbres y cortesía militar. Foto: Jaiver Nieto, EL TIEMPO

 
 

Durante un día experimenté, junto a un grupo de periodistas, lo que más de 11.000 personas viven día a día durante tres meses (cuatro contingentes al año).

Era un ‘anfibio’ más. Ese término, que con tanto ahínco resuena cuando el Infante recibe una orden, se da por la característica tierra-agua que debe tener un integrante de este grupo élite de la Armada Nacional.

Fue lo primero que nos explicó el coronel César Augusto Triana, comandante de la base de entrenamiento de Infantería de Marina.

Somos marinos con alma de soldados. Quien entra al Ciean aprende de Búsqueda y rescate, reconocimiento, supervivencia de combate en el agua, ametralladora, mortero, artes marciales, tiro y otras para un total de 11 habilidades”.

Somos marinos con alma de soldados

 

Nosotros, durante ese día, aprenderíamos las bases de cuatro disciplinas: Drill instructor, Descenso, Artes marciales y Tiro. Y, si había tiempo, supervivencia en el agua.

El primero es un curso que comenzó desde el 2004 y tiene como objetivo optimizar la calidad en la preparación técnica, física, mental y sicológica de los recién llegados, quienes aprenden de manejo del estrés, primeros auxilios, costumbres y cortesía militar.

Y así estábamos. Ataviados correctamente con el camuflado, organizados en filas y marchando a un solo paso. Adoctrinar ese lenguaje militar es lo más complejo para los instructores durante el primer mes.

En trote llegamos hasta las segunda habilidad: Descenso en cuerda. Una torre de 14 metros de altura nos aguardaba. Desde el punto más alto nos lanzaríamos en dos modalidades. Caída desde patín (que simula la salida de un helicóptero) y bajada en pared (que simula combates en escenarios urbanos como descender por edificios).

El descenso en cuerda se hace desde 'patín', bajada en pared o caída libre. Foto: Jaiver Nieto, EL TIEMPO

 

La mano fuerte sirve para controlar la caída desde altura. Foto: Jaiver Nieto, EL TIEMPO

En esta última, bajaríamos de dos formas. De espalda y de frente. Desde abajo se veía fácil. Pero arriba todo cambió. Allí, el viento soplaba meciendo dos banderas de Colombia que me flanquearon como azuzándome a lanzarme. Tenía todos los elementos de seguridad para hacerlo. Solo me faltaba el valor.

–Voluntas Omnia Superat...Voluntas Omnia Superat– eso decía mi mente, pero de mi boca salió cuánta vulgaridad esperando escupir también el miedo.

‘Pocos, Buenos y Orgullosos’. Más que otro lema de la Marina, es su realidad. Yo tenía dos de tres (poco y orgulloso). Si quería ser Bueno tenía que lanzarme. Y así lo hice.

No puedo poner en el texto la sensación al caer. Solo lo que se siente vencer el miedo y arriesgarse. Misión cumplida. Hubo temor y golpes, quizá no vencí la prueba, pero sí lo hice con esa voz interior de “no soy capaz” que pudo con más de uno.

Artes Marciales CieanAnualmente en el Ciean realizan tres cursos de instructores y uno de entrenador a los que llegan, entre ambos, cerca de 300 personas.

Anualmente en el Ciean realizan tres cursos de instructores y uno de entrenador a los que llegan, entre ambos, cerca de 300 personas. Foto: Jaiver Nieto, EL TIEMPO

Magullado y lleno de adrenalina, llegamos al segundo escenario: Artes Marciales.
Allí, el sargento segundo Johnson Salazar, entrenador de instructores de artes marciales del Ciean, contó que el programa se llevó a cabo para brindarles a los ‘anfibios’ habilidades para defenderse con y sin armas.

“Anteriormente si un Infante de Marina era atacado, su única respuesta era con su arma de fuego. Ahora, puede someter a un agresor sin necesidad de un arma letal”, nos decía Salazar.

De los tres cursos –usuario, instructor y entrenador– recibimos una breve introducción del primero, en defensa personal, postura de defensa y un combo de seis golpes que a duras penas logré realizar. –Esto no es como las películas. ¡Peguen con ganas!– nos dijo el entrenador.

Pareciera que no, pero Antioquia tiene una vocación marinera gigante, especialmente por el Golfo de Urabá. Sin duda es una de las regiones con mayor potencial y mayor futuro para la Armada.
 

Tenía razón. No era como en las películas. Como tampoco lo era la prueba de polígono en la que tuvimos que hacer 35 disparos con un fusil M16M4 a un blanco ubicado a 50 metros.

No era mirar por una cruz y disparar como creí. Hay que posicionarse, controlar la respiración, entender que cuando el blanco está difuso es el momento correcto para apretar el disparador (no gatillo).

El sonido era ensordecedor y dificultaba el disparo. Nos enseñaron a introducir las balas en el proveedor y poner a este en el arma. Lo que me faltó de condición física me sobró en puntería. 100 puntos de 100 posibles mejoró la jornada. Ese, parece ser un talento propio de los colombianos.

El capitán Hugo Mena, jefe de Operaciones del Ciean, me contó que allí se realizan tres cursos disparador elegido. “Un alumno por curso dispara más de 900 cartuchos.
Este es uno de los programas que se está exportando al exterior para capacitar a otras personas, pero tenemos que seguir actualizándonos porque todo va cambiando en tecnología y armamento”

Al programa de Infantería de Marina forman al año cerca de 12.000 infantes de Marina en 33 programas de entrenamiento. Foto: Jaiver Nieto, EL TIEMPO

Agregó que el primer curso en el exterior comenzó hace cerca de cuatro y ya han hecho 33 cursos nacionales y siete internacionales.

Quedaba un curso más: supervivencia en el agua. Uno obligatorio para todo ‘anfibio’. Pero el cuerpo no daba para más y el sol se escondía sobre el mar de Coveñas dejando las últimas estelas sobre el agua.

Superviviencia en el aguaEn este curso, un infante aprende a hacer de su camuflado un flotador

Los infantes aprenden a utilizar elementos para combatir en el agua. Foto: Jaiver Nieto, EL TIEMPO

Quizá en otra ocasión. O eso quise creer al ver el mural ubicado cerca del Parque Museo de la entidad. “Infante de Marina hoy, Infante de Marina por siempre”. El mensaje me despidió mientras regresábamos a las cabañas con un pedazo de ese pundonor con el que día a día viven en la Armada. –!Izquierda, izquierda...derecha, Izquierda!–

A diferencia mía, que viví la experiencia solo pocas horas, aquellos quienes soportaron tres meses del extenuante entrenamiento estuvieron en el juramento de bandera que se realizó al día siguiente.

Como recordatorio a lo que son –la Marina se debe, viene y va siempre al agua– cerca de 3.000 jóvenes terminaron su curso bajo una torrencial lluvia.

El vicealmirante Ernesto Durán, comandante de la Armada Nacional, exaltó el cambio notorio de aquellos infantes de Marina tras 11 meses de entrenamiento. “Hace tres meses esos muchachos ni siquiera se sabían el himno Nacional. Ahora todos son militares. Es una graduación al esfuerzo, trabajo, dedicación y disciplina. Esta es la mejor juventud de Colombia”, dijo.

 Al programa de Infantería de Marina forman al año cerca de 12.000 infantes de Marina en 33 programas de entrenamiento. Foto: Jaiver Nieto, EL TIEMPO

 

Y lo reafirmó la madre de uno de los jóvenes reconocidos, quien en medio de lágrimas, le agradeció al vicealmirante “haber convertido al muchacho en un hombre de bien”.

Tras el juramento, el orden, la disciplina y la compostura se rompieron cuando les ganó el corazón y pudieron acercarse a sus seres queridos.

Madres que no quisieron soltar a sus hijos meses atrás, los volvieron a tener en sus brazos, ya como soldados, unos a los que tendrían que volver a dejar ir para que custodien a su otra madre. ‘La madre patria’.

Hace tres meses esos muchachos ni siquiera se sabían el himno Nacional. Ahora todos son militares

David Alejandro Mercado
Redactor de EL TIEMPO
davmer@eltiempo.com
@AlejoMercado10

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